
Estoy atrapada. Me cuesta respirar, pero no porque me falte el aire; creo que es la tensión. Estoy aquí, escribiéndote, porque quiero que estés conmigo. En más de una ocasión me ha parecido verte a mí lado. Pero no puede ser. No es posible; estamso a kilómetros de distancia. Esta situación llega incluso a parecerme cómica. Creo que me estoy volviendo loca. Me vuelvo loca y tú no estás conmigo ya te veo a todas horas. Quiero que estés aquí. Deberías verme, te sorprenderías: siempre he pretendido ser quizás como me cuesta ser, gustarte continuamente. Ahora estoy tirada en el suelo, escribiendo esto sobre una hoja de papel, iluminada sólo por la tenue luz del día. Esto es muy pequeño. No hay posibilidad de estirar las piernas. La única forma es ponerme de pie... pero no puedo, estoy demasiado cansada, demasiado aturdida y en estos días he tenido tiempo suficiente para pensar en ti, en mí: en nosotros. He pensado tanto que ahora las ideas se escapan por mi boca abierta, atravesando la barrera que forman mis temblorosos labios. Trantando de gritar una verdad que aún no estoy lista para decir...

