Vino a tocar a la puerta de mi mente esta mañana otra vez; no le abrí, pero hoy, traía su propia llave, su propia cerradura, su propio cerrajero, su propia risa burlona para arrojarse sin vergüenza, y de una vez por todas, donde nadie lo pueda sacar, donde nadie lo encuentre, allí, dentro de mi.
Se vino a acurrucar entre mis sueños en ese momento entre la vigilia y el sueño. Ya estaba otra vez la nostalgia. No quiero verte, es demasiado tarde ya, tengo cosas que hacer hoy. Me estoy evaporando sin colores y mi imagen se resbala de tus ojos a tus sueños y a tus manos que pronto dejarán de reconocer mi piel. Quizá cuando te vengan oleadas de grillos azules al estómago pienses un poco en los besos que te di, y los olvides al instante y para siempre cuando tus labios reconozcan un sabor distinto a mi, y te quede un hueco en el estómago donde una vez guardaste mi luz, y donde hoy me exilio hacia tu olvido, poco más allá de aquel atardecer naranja y de aquella luna bañada en viento que fue cobija de mis sueños de mar. Venga, buenas noches y no vuelvas más.
Se vino a acurrucar entre mis sueños en ese momento entre la vigilia y el sueño. Ya estaba otra vez la nostalgia. No quiero verte, es demasiado tarde ya, tengo cosas que hacer hoy. Me estoy evaporando sin colores y mi imagen se resbala de tus ojos a tus sueños y a tus manos que pronto dejarán de reconocer mi piel. Quizá cuando te vengan oleadas de grillos azules al estómago pienses un poco en los besos que te di, y los olvides al instante y para siempre cuando tus labios reconozcan un sabor distinto a mi, y te quede un hueco en el estómago donde una vez guardaste mi luz, y donde hoy me exilio hacia tu olvido, poco más allá de aquel atardecer naranja y de aquella luna bañada en viento que fue cobija de mis sueños de mar. Venga, buenas noches y no vuelvas más.
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